viernes, 25 de mayo de 2007

LA CARTA DE NAVEGACIÓN DEL MUNICIPIO


La Ligua , 01 de mayo de 2007

Para el Diario El Observador
Carlos Antonio Brito Aguilar

LA CARTA DE NAVEGACIÓN DEL MUNICIPIO

Dentro de las funciones privativas de las municipalidades, esta El Plan de Desarrollo Comunal, (PLADECO) competencia exclusiva de la municipalidad en el ámbito de su territorio, este instrumento técnico que de acuerdo a la ley debe renovarse cada cuatro años, es de suma importancia para los habitantes de una comuna ya que “es la carta de navegación del Municipio”, carta que debe ser armónica con los planes nacionales, regionales y armónica también con los distintos grupos de intereses de la comuna, por tanto es trascendental para una buena administración comunal.


Según la ley Nº 18.625 el Pladeco es el instrumento rector del desarrollo en la comuna el cual contemplara las acciones orientadas a satisfacer las necesidades de la comunidad local y a promover su avance social, económico y cultural. Además agrega la ley que en la elaboración y ejecución del pladeco tanto el alcalde como el concejo deberán tener en cuenta la participación ciudadana y la necesaria coordinación de los demás servicios públicos que operen en el ámbito comunal o ejerzan competencia en dicho ámbito.

Es en este punto, en el de la participación ciudadana donde me detengo, ya que muchas veces como ciudadano común no sabemos y no nos preguntamos, como podemos de otra forma que no sea la de votar en las elecciones de las autoridades, participar en las decisiones mas importantes del ámbito local y comunal. El no saber, habla de la calidad de ciudadano que somos independiente del grado de educación que tengamos, pues no sabemos cosas como las funciones fundamentales de un municipio, las atribuciones del alcalde y concejales. Lo segundo no tenemos como costumbre y nos abstenemos de ejercer nuestros derechos cívicos.

Creo a modo personal que es en este contexto, que hoy contamos con un PLADECO no actualizado que no sirve como referente al accionar de la gestión municipal que no nos permite lograr avances o progresos y ni siquiera imaginar el desarrollo, pues estamos navegando totalmente a la deriva.

Esta pésima apreciación tiene como intensión aprovechar la oportunidad, que se abre próximamente de actualizar el PLADECO y de pedir a las autoridad ya sea alcalde o concejo, se preocupen de determinar los mejores mecanismos de participación, y que lean los estudios realizados por la DED y AChM. de experiencias vividas por otros municipios, el cual informa que una forma de participar es a través de una coordinación con los distintos grupos de intereses lo que en términos prácticos no necesariamente requiere de grandes inversiones económicas tanto en la preparación de la metodología, contratación de moderadores o de materiales utilizados, como tampoco en infraestructura.

En conclusión un nuevo PLADECO debería incorporar prioridades de desarrollo manifestadas por la ciudadanía y utilizarlas como referente obligado para la definición de la planificación y ejecución de acciones territoriales de responsabilidad institucional y así responder a las necesidades locales, fomentar el desarrollo de la base productiva comunal, bajo un desenvolvimiento de las potencialidades de la comuna. Todo ello, tomando en cuenta un adecuado equilibrio entre la comunidad, base productiva y medioambiente.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Ante la ley - Kafka, Franz

Ante la ley - Kafka, Franz

Ante las puertas de la ley hay un guardián.

Un campesino se llega hasta este guardián y le pide le permita entrar en la ley, pero el guardián le dice que por ahora no se lo puede permitir.

El hombre reflexiona y entonces pregunta si podría entrar después.

—Es posible —dice el guardián—; pero no ahora.

La apuerta de entrada a la ley está abierta como siempre. Eln guardián se hace un lado. El hombre se agacha para mirar hacia adentro. Cuando el guardián lo advierte se ríe y dice: —Si tanto te atrae intenta estrar a pesar de mi prohibición. Soy poderoso, y soy solamente el último de los guardianes, pero ante la puerta da cada una de las sucesivas salas hay guardianes siempre más poderosos; yo mismo no puedo soportar la vista del tercer guardián.

El campesino no había previsto semejantes dificultades: pensaba que la ley debía ser siempre asequible para todos pero al contemplar ahora más detenidamente al guardián anfundado en su abrigo de pieles, su enorme nariz respingada, su barba tártara, rala, larga y negra, opta por esperar hasta que se le otorgue permiso para entrar.

El guardián le da un banquito y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí el hombre se queda sentado días y años. Se esfuerza de distintas maneras en conseguir que se lo deje entrar y fatiga con sus súplicas al guardián; éste le hace a veces pequeños interrogatorios; le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes como las que suelen hacer los grandes señores, y el final siempre le dice que todavía no lo puede dejar entrar. El hombre, que se ha venido bien pertrechado para el viaje, lo emplea todo, por ma's valioso que sea, en sus intentos de sobornar el guardián. Este acepta todo, es verdad, pero diciéndole siempre: —Lo acepto solamente para que no pienses haber omitido algún esfuerzo.

Durante los muchos años que fueron pasando, el hombre estuvo mirando casi ininterrumpidamente al guardián. Se olvidó de los otros guardianes, y éste le parecía el único obstáculo para entrar en la ley. Maldice la mala suerte, los primeros años en forma desconsiderada y voz alta; después, a medida que va envejeciendo, sólo emite unos leves murmullos. Cae en infantilismo, y como en la atención que durante años a dedicado al guardián ha llegado a distinguir hasta los piojos que tiene en su cuello de piel, también pide a los piojos que ayuden y persuadan al guardián. Finalmente empieza a perder la vista y no sabe si realmente se está poniendo más oscuro a su alrededor o es solamente que sus ojos lo engañan. Pero ahora distingue por cierto un resplandor que, inextiinguible, sale por la puerta de la ley. Cercana ya su muerte, reúne mentalmente todas las experiencias que ha recogido durante todo este tiempo en un pregunta que hasta ahora no había hecho al guardián; le hace señas que se acerque ya que no puede enderezar más su cuerpo que se está paralizando. El guardián tiene que agacharse mucho ante él ya que la diferencia de sus estaturas se ha pronunciado mucho en desmedro del hombre.

—¿Que más quieres saber todavía? —pregunta el guardián—. Eres insaciable.

—Todos tienden a la ley —dijo el hombre—. ¿Como es que durante tantos años nadie exepto yo ha pedido que se lo deje entrar?

El guardián se da cuenta de que el fin del hombre está cerca, y para hacerse entender por esos oídos que ya casi no funcionan, se le acerca y le ruge:

—A nadie se le habría permitido el acceso por aquí, porque esta entrada estaba destinada exclusivamente para ti. Ahora voy y la cierro.